Qué es un podcast: definición y dudas frecuentes
En el mundo del audio digital, “podcast” se usa para muchas cosas distintas. En sentido estricto, un podcast es un audio publicado en una serie de capítulos al que puedes suscribirte para recibir nuevas entregas automáticamente en tu app. A partir de esa base, alrededor del término han crecido formatos parecidos (vídeos largos en YouTube, contenidos exclusivos de una plataforma, series narrativas cerradas) que se le parecen, pero no siempre funcionan igual.
Si me preguntas por qué necesitamos explicar qué es un podcast, mi primera respuesta es: porque nos han obligado. No hay casi ningún medio de comunicación cuyo nombre exija una “desambiguación” constante. Nadie discute qué es la radio, un periódico, una serie o una película. Con el podcast, en cambio, seguimos atrapados en una conversación circular que aparece una y otra vez, incluso entre gente que consume audio a diario.
Y no es casualidad. Es el resultado de una apropiación del término (en gran parte comercial) y de un fenómeno muy humano: necesitamos poner nombres para entender y agrupar lo que existe. Cuando empezaron a proliferar nuevos “vehículos de contenido” digitales, el podcast fue de los primeros en consolidarse y en tener una definición técnica bastante clara. Esa claridad lo convirtió en un paraguas perfecto para etiquetar casi cualquier cosa que suene a conversación, entrevista o contenido en serie.
La definición técnica
Si queremos ponernos estrictos, la definición es sencilla: un podcast es un contenido en audio encapsulado en un archivo (históricamente mp3, aunque no tiene por qué serlo) al que puedes suscribirte mediante sindicación RSS. Es decir, un feed que se actualiza y que cualquier app compatible puede leer para descargar o reproducir los capítulos.
Esa es la base. Todo lo demás son capas. Algunas son razonables (metadatos, capítulos, transcripciones, mejoras de distribución), y otras son más discutibles, porque cambian la naturaleza del invento: si quitas el feed, o si conviertes el concepto en algo encerrado dentro de una única plataforma, ya no estás hablando exactamente del mismo medio.
Por qué se llama podcast a casi todo
El problema es que “podcast” es una palabra cómoda. Suena bien, es popular, y sirve para vender. Por eso se la coloca encima de formatos muy distintos.
He visto ejemplos curiosos, como creadores en YouTube que llaman “podcast” a una parte concreta de su canal (normalmente cuando invitan a más gente o cuando el vídeo tiene un tono más conversacional). ¿Es eso un podcast? Técnicamente, puede serlo si alguien extrae ese audio y lo publica en un feed RSS. Y, de hecho, hoy es trivial hacerlo con servicios que automatizan esa conversión: vídeo fuera, audio dentro, feed al canto. Para el oyente, en su móvil, aquello se comporta como un podcast.
Así que el término se ha estirado: a veces describe un formato; otras veces, una estética; otras, una dinámica de conversación; y otras, un simple “parecido a”. De ahí la confusión permanente.
Lo que no es (y por qué discutirlo suele ser una batalla perdida)
Desde un enfoque purista, hay dos “falsos amigos” recurrentes.
El primero son los exclusivos cerrados dentro de plataformas que no ofrecen feed: si no hay RSS, falta el mecanismo de suscripción abierto y estandarizado que define el medio.
El segundo es lo que mucha gente llama “podcast” cuando en realidad se refiere a un canal de YouTube (aunque tenga entrevistas largas, aunque haya micros buenos, aunque se parezca muchísimo). En la práctica, mucha gente dirá “veo podcasts en YouTube” y, si tu reacción inicial es corregirlos con un “eso no es un podcast”, lo más probable es que pierdas la conversación… y al oyente potencial. Porque intentar imponer definiciones a los demás suele ser inútil. La gente le va a llamar como le dé la gana a lo que le dé la gana. Y el podcasting, el de verdad, el que descansa sobre estándares abiertos, va a seguir sobreviviendo igualmente.
Mi definición práctica
Para mí, “podcast” no es solo RSS + audio. Es también una idea de publicación continuada en el tiempo. No necesariamente infinita, pero sí con vocación de continuidad.
Una serie guionizada cerrada, grabada hace años y publicada como una obra con seis entregas, puede estar distribuida “en formato podcast” (porque tiene feed y audio), pero no encaja del todo con lo que yo entiendo cuando alguien me dice: “tengo un podcast”. Mi expectativa es encontrarlo en una app de podcasts, ver un historial de publicaciones y asumir que seguirá saliendo contenido.
Esto no convierte a las audioseries o a los documentales sonoros en “menos valiosos”. Al contrario: muchas son producciones excelentes. Pero mezclarlo todo bajo una misma etiqueta dificulta que el oyente entienda qué está eligiendo y qué tipo de relación va a establecer con ese contenido.
Las plataformas mezclan formatos
Hoy entras en cualquier gran plataforma y te encuentras, en el mismo escaparate, podcasts conversacionales con años de trayectoria, podcasts estacionales con temporadas perfectamente planificadas, y grandes producciones narrativas cerradas. Todo convive en la misma estantería y con el mismo nombre, y tiene dos consecuencias.
La buena: el término se popularizó. Hubo un punto (yo suelo situarlo en 2020) en el que “podcast” dejó de ser una palabra que hubiera que explicar constantemente, y de ese arrastre nos hemos beneficiado todos.
La mala: quedamos a merced de lo que el mercado decida meter debajo de la etiqueta. Si mañana explota una burbuja de “podcasts” carísimos pensados como espectáculo audiovisual o como producto de plataforma, el titular será “se hunde el podcasting”, aunque lo que se hunda sea otra cosa. Y el podcasting abierto, el del feed y el archivo, se verá arrastrado en la percepción pública.
Esto tampoco debería preocuparnos mucho, porque el podcasting abierto no depende de modas ni de una plataforma concreta: es un estándar de distribución que puede seguir existiendo aunque cambien los actores dominantes.
Sin embargo, lo que la mayoría de la gente ve en su app (o en su plataforma favorita) acaba siendo la definición que adopta. Si esa definición se construye sobre formatos mezclados sin contexto, muchos oyentes no llegarán a descubrir la experiencia específica del podcast de audio publicado con continuidad: suscripción real, capítulos que caen en tu móvil y una relación sostenida con una voz y un tema.
Y esa experiencia tiene rasgos propios: fidelidad más alta, escucha más íntima, más permanencia mental, y una capacidad especial para construir autoridad, confianza y credibilidad a medio y largo plazo.
Una conclusión que no suena a regañina
Si tuviera que dejarlo en una frase: un podcast es audio distribuido por RSS… y, en mi definición personal, con vocación de continuidad.
Pero no voy a usar esa frase para corregir a nadie en la puerta de entrada. Si alguien descubre el audio a través de YouTube o Spotify, perfecto: ya está dentro del ecosistema del contenido hablado. Mi objetivo no debería ser ganarle un debate semántico, que es la tentación en la que solemos caer los podcasters de más largo recorrido, sino acompañarlo hacia una forma de escucha más cómoda, más libre y más estable, cuando tenga sentido.
Porque, al final, el podcasting abierto hará lo que siempre ha hecho: sobrevivir y prevalecer.